El día anterior, yo había quedado con
mi amiga María, en irnos hasta unas fincas agrícolas, en busca de poder
cambiar o vender algunos artículos que tanto en el campo como en la ciudad,
eran muy deficitarios , transcurría el año 1993 en medio de una inmensa crisis
de todo tipo y al cual le habían dado en
llamar “ periodo especial”. Pero la madrugada había sido lluviosa y yo me
resistía a ir, mientras mi amiga María, me dibujaba en mímicas los enormes
quesos, galones de leches y cuanto
cultivo existiera por esos lugares y que nosotros podríamos traer, y yo no
quería ir, mientras María me repetía que a ella las corazonadas nunca le fallaban
y que ese viaje prometía cosas muy buenas...
Logrado su propósito partimos con unos
naylons tapándonos la cabeza en busca de la salida de Camagüey hacia uno de
aquellos puntos de embarques, conocidos como los amarillos, y surgido a raíz
del colapso del transporte que anteriormente hacia esos recorridos mediante
ómnibus. “Afortunadamente” encontramos un camión sin techo en el cual yo
trataba de proteger a toda costa, un par de zapaticos de jovencitas y una
plancha eléctrica que mi madre me había dado para el trueque, y por otro lado
luchaba porque aquel viento que se multiplicaba debido a la velocidad del
camión, no me arrancara un vapuleante Naylon que apenas me protegía a medias.


