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sábado, 1 de noviembre de 2014

" BENDITO RAYO QUE ESTAS EN LOS CIELOS..."


El día anterior, yo había quedado con mi amiga María, en irnos hasta unas fincas agrícolas, en busca de poder cambiar o vender algunos artículos que tanto en el campo como en la ciudad, eran muy deficitarios , transcurría el año 1993 en medio de una inmensa crisis de todo tipo y al  cual le habían dado en llamar “ periodo especial”. Pero la madrugada había sido lluviosa y yo me resistía a ir, mientras mi amiga María, me dibujaba en mímicas los enormes quesos, galones de leches  y cuanto cultivo existiera por esos lugares y que nosotros podríamos traer, y yo no quería ir, mientras María me repetía que a ella las corazonadas nunca  le fallaban  y que ese viaje prometía cosas muy buenas... 



Logrado su propósito partimos con unos naylons tapándonos la cabeza en busca de la salida de Camagüey hacia uno de aquellos puntos de embarques, conocidos como los amarillos, y surgido a raíz del colapso del transporte que anteriormente hacia esos recorridos mediante ómnibus. “Afortunadamente” encontramos un camión sin techo en el cual yo trataba de proteger a toda costa, un par de zapaticos de jovencitas y una plancha eléctrica que mi madre me había dado para el trueque, y por otro lado luchaba porque aquel viento que se multiplicaba debido a la velocidad del camión, no me arrancara un vapuleante Naylon que apenas me protegía a medias.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Iré a Santiago...

Cuando llegue la luna llena
iré a Santiago de Cuba, iré a Santiago...,
en un coche de agua negra,
iré a Santiago de Cuba, iré a Santiago...
Cantarán los techos de palmera,
cuando la palma quiere ser cigüeña,
y cuando quiere ser medusa el plátano, iré a Santiago
con la rubia cabeza de Fonseca.
y con el rosal de Romeo y Julieta,
mar de papel y plata de moneda.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
¡Oh cintura caliente y gota de madera!
¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco!
Siempre dije que yo iría a Santiago.
En un coche de agua negra.
Iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago...

FRAGMENTO DEL POEMA. SON DE NEGROS EN CUBA
DE FEDERICO GARCÍA LORCA.

Aquel primer viaje para visitar el Santuario  de la Virgen de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba, no había estado exento de contratiempos. Era el tercer tren que se nos iba en igual cantidad de días por la avalancha de pasajeros que siempre abarrotaban esa ruta y otra cualquiera. Por lo tanto a la cuarta iba la vencida. Y así fue. Finalmente en un pasillo amontonado, por personas, cajas y animales, emprendí acompañado por tres amigos, mi primera experiencia hacia ese lugar sagrado para muchos cubanos. En la agenda de mis amigos y en la mía también, iba un objetivo prioritario y difícil de lograr, pero con una fe absoluta en que la Virgen nos ayudaría en nuestros clamores. Era un  verano de la primera mitad de los noventa, que sacudía la isla con una crisis espantosa. Hacía un calor insoportable y olores de todo tipo y tras el prolongado pitazo que anunciaba la partida, lográbamos salir desde Camagüey, hacia un lugar que siempre emociona visitarlo. 

De inmediato empezaban a asomar todo tipo de personajes que iban a protagonizar aquel largo viaje; pero una de las cosas que más me llamó la atención fue la puja por la compra de una Calabaza de las llamadas de Corneta, que tienen mucha masa, pocas semillas y exquisito sabor. Recuerdo que el dueño de la calabaza, abrazaba aquel preciado fruto de la naturaleza, como si fuera una hija muy querida.

martes, 30 de septiembre de 2014

A PUERTO PADRE ME VOY !!!.

Puerto Padre tiene cosas
que no las tiene La Habana,
ni Matanzas, ni sus hermanas
Villa Clara y Camagüey.
Oriente en el son es rey,
nadie lo va a discutir,
pero, si quieren ir
a recorrer sus regiones,
Puerto Padre, con sus sones,
siempre va a sobresalir.
A Puerto Padre me voy.(Emiliano Salvador)


Puerto Padre te recibe como con los brazos abiertos tras llegar a la cima de una modesta elevación que te premia con su Hermosa vista de un mar azul , que puedes divisar desde la carretera que luego se convierte en una avenida o paseo que funge como calle principal con sus casas bonitas, su iglesia, su parque, su malecón, su fortín,  y su molino de viento que ¨muele y dispersa¨ ese aroma de mar que embriaga el pueblo con un toque mágico y casi único del Oriente Cubano. Ahí está Puerto Padre como una acuarela abrazada por el océano atlántico y sus playas“ El Socucho “ y “ La Llanita” que conforman el litoral de Covarrubias, lleno de esplendor.  Y yo contento de volver y de visitar a mi familia.


Hasta la gran casona de mi prima Zoyla Aurora Leyva, en la Calle Maceo 145, a un costado de un restaurante llamado ¨El Ranchón ¨ llegábamos mi mamá y yo, y ella siempre nos recibía  con su delantal puesto sobre su gruesa figura con una sonrisa y sus expresivos ojos azul-turquesa, y me daba un abrazo de esos que tú sabes que son de verdad porque te transmiten ese sentimiento de amor verdadero, y yo también la abrazaba con mucho cariño bajo aquel inmenso portal colindante a la casa. 

lunes, 2 de junio de 2014

EL EXTRAÑO CASO DE UNAS PIZZAS EN LA MEDIA NOCHE.



Llevaba varias horas sin comer nada, en un lugar a las afueras de las Tunas, llamado La Caldosa, en espera de poder encontrar algún medio de transporte que me llevara de retorno a mi casa en Camagüey. Había llegado hasta allí en las últimas horas de la tarde y ya se acercaba la media noche, cuando  en medio de la penumbra y a lo lejos escucho una voz que acercándose decía: “Pizza de queso, pizza…”. Yo me adelante al numeroso grupo que se encontraba en el lugar, y con paso apurado pude divisar al vendedor, y como llegando a una meta muy codiciada, extendí  mi mano y compré un par de ellas, las devoré con saciedad acompañadas por una bebida espumosa y dulce llamada Prú, que se prepara fundamentalmente en el Oriente cubano a base de varias raíces que son fermentadas. Me sentí afortunado; era uno de los pocos que había logrado comprar pizzas y tomar Prú. Ya reposaba más tranquilo cuando de pronto, siento un alboroto a unos cuantos metros de mi. Era una riña entre el vendedor de pizza y su despechada novia, que gritaba algo que me dejaba estupefacto.

No podía creer aquello, mientras muchos de los clientes iban cercando al vendedor con malas intenciones, ella cada vez lo gritaba con más fuerza y más fuerza, y yo me volvía a estremecer. Aquello me espantaba, pues según la delación de la despechada. Nos habíamos acabado de comer unas pizzas, a las cuales, aquel desmadrado le había echado condones en vez de queso. Traté de vomitar una y otra vez, pero nada. Mi estómago se negaba a devolver lo poco que le había caído en casi todo un día y así mismo las digería. Desde entonces a las pizzas de queso, primero las huelo y las miro muy bien.