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viernes, 2 de enero de 2015

¿De Dónde Son Las Canciones? (III) Lagrimas Negras, Cielito Lindo, La Bamba y El Burrito Sabanero.


LÁGRIMAS NEGRAS.

Una joya que tiene detrás una apasionante historia.  En el año 1930 Miguel Matamoros viajó a Santo Domingo. Se hospedaba en la casa de Huéspedes de Luz Sardaña. Un día en que oyó los quejidos de una mujer desde unos de los cuartos de la casa preguntó a Luz por qué lloraba aquella mujer de forma desconsolada. Ella le respondió que su compañero la había abandonado por otra. Allí mismo Miguel inspiró este bolero-son que popularizaría en compañía de Siro Rodríguez y Rafael Cueto, con los cuales había formado en 1925 en Santiago de Cuba, el famoso  y prolífico Trío Matamoros. Lágrimas Negras no es una pieza más, es una de las canciones más versionadas de la lengua hispana. 

Según el musicólogo cubano Odilio Urfé la importancia principal que tiene el Trío Matamoros en la música cubana se refiere a que dió origen a la tercera variante del complejo de la trova cubana. Es decir: hasta el momento en que surge este trío, la trova cubana venía desarrollándose en las líneas denominadas campesina y de la canción. Matamoros definió, impulsó y popularizó la variante que denominada, la trova del son. El rango de “pionera” en su género, lo obtiene el “bolero” Lágrimas Negras al incorporar Matamoros el estribillo a su creación para que ésta pueda ser bailable e introducir el montuno sonero en la parte final del bolero, que lo diferencia de otras obras del autor. con una primera parte reflexivo-romántica y como contraste, el montuno, que brinda la oportunidad al bailador de ejecutar libremente las figuras coreográficas.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Los Auténticos de la Música Cubana: Abelardo Barroso.


Abelardo Barroso Dargeles (La Habana 1905-1972)   fue el primer interprete de Son cubano conocido como sonero mayor y reconocido así por el público, debuta como cantante en 1925 con el famoso Sexteto Habanero, y al año siguiente entra en la agrupación de Alfredo Boloña, Con el Sexteto Boloña viajó en octubre de 1926 a Nueva York, con el fin de realizar una serie de grabaciones para el sello Brunswick, como voz principal y claves, dejó registrados fonográficamente dieciséis sones, entre ellos el famoso "Échale candela", de Boloña y "Flora", una de las escasas composiciones que llevan la firma de Barroso.

En 1927 Barroso volvió a grabar con el Sexteto Habanero, en La Habana, para la firma RCA Víctor, y participó también en las primeras grabaciones que realizó en Nueva York el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, para la compañía Columbia. En uno de esos discos iniciales del Septeto Nacional apareció "Fernanda", otra composición de su autoría. De allí en adelante Abelardo Barroso se convertiría en uno de los intérpretes más buscados por la principales agrupaciones de la época, eran tantas sus virtudes que el público también comenzó a llamarlo “Caruso” por la potencia de su voz.

lunes, 11 de agosto de 2014

Celina Gonzalez: Reina por siempre.





Celina González Zamora (*Jovellanos, 16 de marzo de 1929), nacida en la localidad de Nueva Luisa, en la provincia de Matanzas. De padres campesinos, cuando Celina era niña, sus padres y hermanos cantaban en las fiestas familiares . Esto le permitio a  Celina aprender  la base melódica y rítmica del punto guajiro.Desde muy joven Celina González era simpatizante de la religión afrocubana Regla de Osha o Santería. Según sus propias palabras, en una noche del año 1948 se le apareció la Virgen católica de Santa Bárbara, la que todos conocemos por estar sincretizada por la deidad africana y gran guerrero Changó, dueño del fuego, del trueno, el rayo y de los alegres tambores asegurándole a ella un triunfo artístico total si le dedicaba un canto de alabanza. Según esta versión de la propia Celina, surgió el famoso canto a Santa Bárbara o “¡Que viva Changó!”.

domingo, 6 de julio de 2014

¿De Dónde Son Las Canciones? ( II )

AQUELLOS OJOS VERDES.
Triste historia la que precede al precioso bolero "Aquellos ojos verdes". El motivo de dicha inspiración fue una cubanita rubia, llamada Conchita Utrera, residente en Nueva York. Escrita en 1929, Aquellos ojos verdes tiene música del pianista matancero Nilo Menéndez y letra de Adolfo Utrera. Menéndez viaja a Nueva York contratado por el departamento latino de la discográfica Columbia, y allí se enamora de Conchita. Contaba el compositor que: <como creo en el amor a primera vista, me enamoré de ella ese mismo día, y por la noche compuse la música>. Luego le rogó al hermano de ella, el malogrado poeta y gran tenor Adolfo Utrera que le hiciera los versos. Le sugirió la letra y… <fueron sus ojos los que me dieron el tema dulce de mi canción>.


Como dijimos la dueña de los ojos verdes,  proporcionó la inspiración para una de las piezas más famosas de la cancionística cubana allá por el año 1929. Concepción Utrera “Conchita”, habanera, nacida el 18 de octubre de 1912. Fue una mujer exquisitamente cultivada en el arte. Estudió idiomas, música y declamación. Grabó discos para la firma Columbia Records y publicó un libro de versos titulado Ave Lira, que tuvo mucho éxito.

lunes, 23 de junio de 2014

El señor de la Música Molida.



<Del Mar sale música>, eso me comentó mi suegra Chucha que le dijo a su Madre, a mediados de la década del 50 en Santa Cruz del Sur, cuando miraba el mar Caribe  que baña por ese lado la Isla de Cuba, y escuchó unos melodiosos acordes que ese mar parecía traer en sus brazos  y que a ella cautivaba.  Su inocencia de niña quedaba despejada cuando su progenitora le explicaba, que no, que ese era el barco que atravesaba diariamente el Golfo del Guacanayabo, que traía un Órgano encima, para animar a los viajeros que entre ese pueblo y Manzanillo, iban diariamente en busca de múltiples cosas, pues era más fácil ir hasta allí, que a Camagüey por Carretera.  Y el Órgano, esa económica gran orquesta que a base de manigueta parece sacar una lengua interminable que conforman sus piezas musicales de cartón, era el protagonista. 

Su facilidad para adaptarse a cualquier entorno lo hicieron muy popular no solo en varias ciudades, sino también en las áreas rurales de la isla, hasta lugares remotos llenos de caminos angostos y lodo en época de lluvia, llegaba el Órgano sobre una yunta de bueyes. Ahí mismo empezaba el Guateque, entre el Lechón asado y el aguardiente de caña, en una noche que era todo un acontecimiento.